sábado 3 de mayo de 2008

Tesis Nº3: la vocación NO es un llamado del interior.

Últimamente “Vocación” es una palabra que me suena a mal (porque la relaciono con la teoría weberiana) pero tiene múltiples significaciones de acuerdo a las experiencias personales de cada uno de nosotros (los seres humanos que dominamos la lengua española, claro está). Sin embargo, hoy me propondré demostrar que no es la vocación. Trataré de argumentarlo lo mejor que pueda y como siempre (bueno, sí, un “como siempre” mentiroso… como cada vez que me acuerdo de actualizar el blog) están invitados a refutarme. Es más, ansío que lo hagan ya que no tiene ninguna clase de sustento científico nada de lo que digo. (Y, pensándolo bien, aún si lo tuviera deberían refutarme igual si tuvieran los argumentos para hacerlo.)

El hecho es que, sin ponerme en etimológica al extremo y sin demostrar mis sabios conocimientos del latín, quiero derribar de una vez por todas el mito de que la vocación es un “llamado del interior”.

Como bien dije anteriormente, concebimos la vida a través de diferentes interacciones con la cultura (tanto el contacto cotidiano con el otro como el contacto mediatizado a través de dispositivos de comunicación) que moldean nuestra ideología, nuestro modo de ver el mundo. De todas estas interacciones con el otro y con los productos de la cultura formamos nuestras propias representaciones, generalmente clasificables en forma binaria (lo correcto/lo incorrecto; lo bueno/lo malo; lo útil/lo inútil; lo interesante/lo no-interesante; etc). A través de estas clasificaciones es que vamos discriminando aquello que no es realizable por nosotros y aquello que sí lo es. Es un proceso constante, ya que la cantidad de representaciones que se pueden generar es infinita. De hecho, como ya dije en mi tesis Nº1, muchas representaciones se deshacen con el correr del tiempo con lo cual la manera de clasificarlas también puede variar de acuerdo a lo que nuevas interacciones con la cultura produzcan en nuestro modo de ver el mundo.

Asimismo, hay un factor más a tener en cuenta: las restricciones que impone la propia cultura (en este caso, y a riesgo de sonar ambigua, me refiero a la Cultura hegemónica: aquello que hace que ciertos comportamientos se vuelvan un patrón que sigue gran parte de la sociedad –nunca toda-). ¿A qué me refiero con esto? La Cultura ya determina para nosotros una serie finita de representaciones sobre qué es la vocación. Hay una serie limitada de roles a cumplir en cada sociedad y a ellos debemos limitarnos, aún cuando nuestra capacidad de producir nuevas representaciones sea inagotable.

¿Qué es un test vocacional acaso? Es una serie finita de posibilidades, de representaciones socialmente creadas sobre diferentes profesiones que deberían tener alguna clase de correlación con lo que tenemos en nuestra mente que, a su vez, está determinado por representaciones socialmente creadas en la Cultura. Entonces, si en todos los pasos del proceso interviene la Cultura y con ella la sociedad… ¿de qué llamado del interior hablamos?

Así que, joven, si estás terminando la carrera y sentís que no es tu vocación: no creas que es porque no te entendés a vos mismo, o no sabés escuchar el llamado. Ese llamado no existe. Simplemente hay representaciones que se deshacen.

Y si estás por empezar una carrera y no te decidís, no sientas que es porque estés loco, sino simplemente que dentro de la cantidad finita de roles a repartirse ninguno te sienta bien. Y eso –creo yo- es bastante bueno. Significa que todavía hay algo nuevo para hacer…

lunes 19 de noviembre de 2007

Tesis Nº2: sobre el carácter representacional de los sentimientos

Dado el carácter representacional de toda apreciación subjetiva que postulé en mi tesis Nº1 no puedo evitar dar el paso que sigue en este análisis. El escalón siguiente es el de los sentimientos. ¿Por qué si toda apreciación subjetiva es una representación existen los sentimientos?
En un momento de mi tesis anterior dije que hay representaciones a las que uno "les pone amor". Creo que en este caso me estaría refutando a mi misma porque tras mucho analizarlo considero haber cometido un error al expresarme de ese modo. ¿Por qué? Ya que considero que los sentimientos también son representaciones.
Existe en el hombre lo instintivo -esto es innegable, por más condicionamientos sociales que haya- pues tendemos a buscar el placer. Un bebé busca la comida, un adulto busca que sus representaciones se satisfagan empíricamente. Concebimos, a través de canciones, cuentos, historias, relatos, leyendas, mitos, experiencias ajenas, programas de tele y demás productos culturales una serie de concepciones socialmente creadas acerca de lo que tenemos que considerar sobre un sentimiento en particular. Con estas concepciones nos movemos, constituyen la base de nuestro accionar y la búsqueda instintiva sería la de aquello que lo satisface.
Pero ejemplifiquemos, hablemos de amor por un ratito. Tenemos una serie de consideraciones sobre qué es amar a alguien y por qué deberíamos amar a una persona en particular. En la medida que esa persona se adapta a la representación que del amor tenemos, esto nos produce placer. Ahí sentimos el amor. Es esa sensación de alegría de haber hallado la prueba de que lo que uno tiene en la mente existe. También sucede a la inversa cuando una representación se deshace: allí aparece la tristeza, consecuencia de sentir dolor. Y luego, hacemos una nueva representación de lo que sucedió para encontrar placer en ella y contrarrestar el dolor.
Tesis Nº2 (más sintética que la nº1, pues en realidad debería llamarse la tesis 1 bis): los sentimientos se producen como consecuencia de las sensaciones de placer o displacer que nos genera el choque entre empiria y representación mental.

Esto puede sonar a excesivamente racionalizado, cuando los sentimientos en realidad se sienten y punto. Y estoy de acuerdo con esto último, totalmente de acuerdo. Pero tenía necesidad de pensarlo un ratito. Aunque sea para contradecir alguna pelotudez que me dijeron esta semana. =) Aunque ya tenía un contraejemplo re clarito para mostrar (aunque dudes, idiota).

A refutar y hasta dentro de muy pronto.

miércoles 14 de noviembre de 2007

Tesis Nº1: representaciones mentales que se deshacen.

El carácter representacional de toda apreciación subjetiva acerca de la realidad es una verdad que disto de querer poner en duda. Pero a veces –y sólo a veces- estas representaciones se deshacen. ¿Cómo pudo sucederme a mí? Mmm, aún es algo que intento descifrar. En realidad no es el problema que se deshagan, el problema es no haber tenido en cuenta con anterioridad la posibilidad de que eso sucediera.
Ejemplos verídicos tengo miles (triste y desafortunadamente). Pero tomemos un caso inventado que pueda corroborar empíricamente mi hipótesis. Supongamos que uno se encuentra en la divina infancia, vamos a ponerle al niño de esta representación ejemplificadora unos 4 años. Uno ve a los animadores de los trencitos infantiles y piensa que realmente son la Pantera Rosa, Winnie Pooh y el mismísimo Barney. Gran desilusión gran es descubrir que allí dentro hay personas de carne y hueso que se mueren de embole en esos malditos trencitos. O cuando nos ilusionamos pensando que mami y papi no hacen cosas chanchas y tenemos una imagen o un sonido que desearíamos se autodestruyera en 3 segundos.
Estos burdos ejemplos sirven para explicar algunos conceptos que me bollan en la cabeza desde hace unos días. Nadie es lo que uno cree que es y nadie conoce a uno en su totalidad. Hete ahí el gran problema gran de la humanidad: habernos creído el verso de "nos estamos conociendo".
¿Qué es conocer? Gran problema epistemológico, pero tantas veces usado por el sentido común (que amo decir que es el menos común de los sentidos). Aún me sigo preguntando si realmente existe la realidad (valga la redundancia). Y sin embargo "nos estamos conociendo" como si eso fuera un proceso factible de concluir. (Con esto he cometido una disgresión que intentaré remendar en las próximas líneas.)
La única verdad que puedo encontrarle al mundo es que no es lo que yo creo que es -ni muchísimo menos, lo que yo quisiera que fuese-. Ni siquiera yo soy quien yo creo que soy. ¿Por qué? Porque lo que yo creo son representaciones de la realidad que hago en mi mente. Y en realidad yo no soy la mía, sino la suma de todas las representaciones de mí que se hagan en el mundo. Ergo, dejen de joderme preguntándome quién soy, pregúntenselo ustedes y punto. Que cada uno se represente de mí lo que le venga en gana. Pero el punto no es este tampoco.
Definitivamente se me está dilatando este asunto más de lo que me hubiera gustado. El punto es que cuando tantas representaciones en las que uno pone "amor" (cabe aclarar que disto de creer en la idea pura del amor, sino simplemente una idea de amor como sentimiento que poseo) se ven deshechas, la salida aparece como poco clara. ¿De dónde me agarro si no es de lo que yo concibo como real? ¿Y si mi concepción está completamente errada? A veces surje ese desgarrador cuestionamiento. Y la pucha que será difícil la respuesta que dilaté hacer la pregunta hasta el final.
En conclusión mi tesis nº1 es esta: cuando se ponen en crisis las representaciones que uno hace de aquello que considera como real, algo dentro de nosotros se rompe. Cierta inocencia quizás, vaya uno a saber qué. Quizás la ilusión que uno tiene de ser el más capo de todos y tener la vida re clara, y que de repente se desvanece. Es entonces que no se sabe por dónde salir, y cada vez se está más y más enredado. Hete aquí yo, en ese enriedo, ahora enredándome entre estas palabras para ver si, de una vez por todas, alguna representación no se me deshace. Aunque sea esta mínima locura.