El hecho es que, sin ponerme en etimológica al extremo y sin demostrar mis sabios conocimientos del latín, quiero derribar de una vez por todas el mito de que la vocación es un “llamado del interior”.
Como bien dije anteriormente, concebimos la vida a través de diferentes interacciones con la cultura (tanto el contacto cotidiano con el otro como el contacto mediatizado a través de dispositivos de comunicación) que moldean nuestra ideología, nuestro modo de ver el mundo. De todas estas interacciones con el otro y con los productos de la cultura formamos nuestras propias representaciones, generalmente clasificables en forma binaria (lo correcto/lo incorrecto; lo bueno/lo malo; lo útil/lo inútil; lo interesante/lo no-interesante; etc). A través de estas clasificaciones es que vamos discriminando aquello que no es realizable por nosotros y aquello que sí lo es. Es un proceso constante, ya que la cantidad de representaciones que se pueden generar es infinita. De hecho, como ya dije en mi tesis Nº1, muchas representaciones se deshacen con el correr del tiempo con lo cual la manera de clasificarlas también puede variar de acuerdo a lo que nuevas interacciones con la cultura produzcan en nuestro modo de ver el mundo.
Asimismo, hay un factor más a tener en cuenta: las restricciones que impone la propia cultura (en este caso, y a riesgo de sonar ambigua, me refiero a la Cultura hegemónica: aquello que hace que ciertos comportamientos se vuelvan un patrón que sigue gran parte de la sociedad –nunca toda-). ¿A qué me refiero con esto? La Cultura ya determina para nosotros una serie finita de representaciones sobre qué es la vocación. Hay una serie limitada de roles a cumplir en cada sociedad y a ellos debemos limitarnos, aún cuando nuestra capacidad de producir nuevas representaciones sea inagotable.
¿Qué es un test vocacional acaso? Es una serie finita de posibilidades, de representaciones socialmente creadas sobre diferentes profesiones que deberían tener alguna clase de correlación con lo que tenemos en nuestra mente que, a su vez, está determinado por representaciones socialmente creadas en la Cultura. Entonces, si en todos los pasos del proceso interviene la Cultura y con ella la sociedad… ¿de qué llamado del interior hablamos?
Así que, joven, si estás terminando la carrera y sentís que no es tu vocación: no creas que es porque no te entendés a vos mismo, o no sabés escuchar el llamado. Ese llamado no existe. Simplemente hay representaciones que se deshacen.
Y si estás por empezar una carrera y no te decidís, no sientas que es porque estés loco, sino simplemente que dentro de la cantidad finita de roles a repartirse ninguno te sienta bien. Y eso –creo yo- es bastante bueno. Significa que todavía hay algo nuevo para hacer…